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PostHeaderIcon Un buen hombre


Cito de memoria un pasaje del Evangelio, creo que de San Juan, donde describe a Jesús en medio de una muchedumbre en el templo. Unos escribas y fariseos le presentan a una mujer sorprendida en adulterio. Anhelaban conocer su actitud ante “tamaña atrocidad”. Deseaban incitar al Maestro a tomar una postura frente al poder político. Según la ley de Moisés debería ser apedreada y según las leyes romanas, era un desafío al poder de Roma el poderla juzgar. Estos fariseos debían estar frotándose las manos ante la expectativa de la respuesta tramposa. “El que esté libre de pecado, dice Jesús, que tire la primera piedra”. Defraudados se fueron retirando hasta quedar la mujer sola. “¿Quién te ha condenado?” “Nadie, Señor” “Yo tampoco te condeno. Vete en paz.”

Este pasaje de amor al prójimo sin otro añadido que la de ayudar a un ser humano es la actitud de nuestro cura párroco, don José. El no condena los hechos en el nombre de Dios sino aquellos que, por el hecho de ser personas, son consustanciales con el deber moral y la justicia que nos damos todos. Estar al lado del otro sin juzgar su ideología, sus creencias o su vida privada, es su quehacer diario. El sabe del sufrimiento de sus parroquianos enfermos en las camas de un hospital; de las soledades hechas de ausencias de los que se fueron; de acosos y derribos en gentes indefensas o diferentes; de caricias a los niños; de bromas a los mayores; de tertulias en el bar…

Recuerdo bien un saludo casual en la calle un domingo después de misa. Iniciamos con él un recorrido por el pueblo y la conversación y el tiempo fluían pausados, serenos, divertidos. En esas horas tardías para comer le pregunto: ¿Vienes a comer a casa o tienes algún compromiso? Pues no. Me voy con vosotros. Ese primer día entró en mi domicilio un amigo, un buen amigo, y compartió con nosotros unas viandas ya cansinas de tanta espera. En casa entró el ser humano que ayuda y se solidariza con las vidas ya hechas, ya construidas, muchas veces, en los márgenes de la doctrina eclesial. Porque la vida evoluciona y los seres humanos surcan sus existencias en tierras baldías donde se configuran otras formas de convivencia.

El sabe de mi dolor de una ausencia dolorosa, Luchi, por la que no supero bien la ansiedad, el insomnio… y me llama por teléfono, igual que lo hace con los demás que sufren. No distingue a quienes no siguen la vereda ni la cañada de un rebaño fiel a las demandas de nuestra Jerarquía Eclesiástica.

“¿Quién te ha condenado?” “Nadie Señor” “Yo tampoco te condeno”
¡Muchas gracias don José!

Guadalupe Fernández de la Cuesta (guadalupefdelacuesta@gmail.com)
15 de Enero de 2013

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Comentarios 

 
+1 # es de Leyeltroche 16-01-2013 09:27
Muchos lo pensamos y tus letras las hacemos nuestras, por que se lo merece.

Yo no te pido que vengas a la Iglesia, pero, si bienes, no sere yo quien te eche.
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