PostHeaderIcon Un saludo


Me incorporo con mis “tontunas” a una nueva singladura en el viaje de las palabras escritas. Desconozco el rumbo que ha de llevar este nuevo barco de la comunicación porque no llevo trazado horizonte alguno en esta navegación digital. Así pues, desconozco si alguien responderá a mi saludo desde la orilla etérea de la informática. Me había acostumbrado a la cháchara amiga desde nuestro periódico desaparecido “La voz de Pinares” y esa necesidad de contar historias, tan propias de las personas “tardías”, me lleva a buscar un refugio cálido para seguir la tertulia.

Porque de eso se trata: enlazar opiniones y construir esperanzas para nuestra tierra. Hemos quedado huérfanos en la comunicación ahora que las gentes de los pueblos de pinares nos habíamos acostumbrado a sembrar acuerdos y discrepancias, a solidarizarnos con las desgracias ajenas, a compartir las fiestas y remembranzas, a vernos como una población identitaria con proyectos comunes…

Me niego a la nostalgia. Como diría Machado, “se hace camino al andar…” Y nosotros caminamos sembrando las huellas de los pasos y de las palabras. ¿Cómo iniciamos nuevos encuentros? No sé cual será el vuelo de este primer saludo lanzado al aire sin otras pretensiones que renovar el diálogo quebrado por el cierre de nuestro periódico. A veces, tras una llamada inesperada surge una relación de amistad entrañable. O, al menos, un vínculo de unión nacido en el amor por la tierra que nos vio nacer y a la que debemos nuestra particular idiosincrasia.

En el deambular de la vida uno va llevando a ese lugar recóndito del olvido a los que fueron compañeros, amigos, vecinos… Ellos siguen instalados en el caudal de los sentimientos con un afecto nunca renunciado pero que, poco a poco y sin saber cómo, han ido arribando a la orilla del recuerdo como un suceso acabado. En nuestra agenda escribimos nuevos nombres a los que añadimos la voluntad de no quebrar la relación iniciada y los otros, los añejos, aquellos con los que compartíamos una buena relación en el trabajo, o en la vecindad, al cabo de los años, cansados de tanto olvido, dejan su huella borrosa en unas letras irreconocibles. Está en nuestra voluntad llenar de nombres el libro de nuestras vidas.

Un buen día nació un lugar para el encuentro de noticias de la tierra, de opiniones y de debates. Ese asentamiento ya no existe. Será cuestión de buscar otro rincón donde poder lanzar nuevas ideas, donde unir esfuerzos –con la que está cayendo- donde compartir emociones y sentimientos: la ternura, la alegría, el dolor, la soledad… Es un caso de tesón y constancia y, a lo mejor, de un café o un vinito para aclarar ideas. Por qué no. Estas palabras cargan en su semántica toda mi gratitud y cariño a mis paisanos. Os espero.

Guadalupe Fernández de la Cuesta
20 de Abril de 2012


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